El tiempo pasa demasiado lento… -Dijo el mago- El mago era un señor alto con unas barbas que llegaban al suelo, tenía un pájaro posado en el hombro derecho, era una tarde de un miércoles cualquiera la clase de magia parecía no acabar nunca y un pequeño aprendiz de mago miraba pensativo por la ventana del edificio.

El cielo sigue siendo azul, las nubes no cubren el sol y lleva más de un año sin llover, este año el verano se me está haciendo eterno. –Pensaba el pequeño aprendiz.- Entre el murmullo de sus compañeros y la voz de su profesor él seguía concentrado en sus pensamientos.

Las cosechas de este año no están dando su fruto habitual las aves ya no tienen alpiste para poder alimentarse y como esto siga así cada uno tendrá una roca para comer y no habrá nada más ¡Tengo que hacer algo!, de repente, un silbido que provenía del silbato del mago interrumpió la charla y la distracción de los aprendices. El conjuro que estaba llevándose a cabo no daba resultado. ¡Es imposible dar clase de esta forma!, -gritó el mago-, en ese mismo instante un ratón saltó de su escondite a la silla del profesor, fue entonces cuando el mago dijo a los aprendices, ¡quién convierta el ratón en una almendra, tiene un punto más en el examen!

El ratón iba detrás de una mariquita que le había llamado la atención y se encontró con una clase de aprendices de mago detrás de él inventando conjuros e intentando crear una palabra que diera resultado. El pájaro del mago en vista del lío que se armó voló a la jaula y cerró su puerta por miedo a que lo convirtieran en una maraca o cualquier otra cosa.

Nuestro protagonista seguía profundizando en sus ideas y pensamientos nada le hacía reaccionar ni siquiera la magnífica estampa que había provocado el profesor. ¿Podré convertir una servilleta en agua?, En mi casa hay muchas – se preguntaba el aprendiz – fue entonces cuando abandonó su pupitre y salió de la clase convencido de que el sábado tendría tiempo suficiente para preocuparse de su educación.

Saliendo del edificio se encontró con el profesor de karate pero el aprendiz no se detuvo y siguió su camino a casa donde se encerró dos días sin ningún resultado, la magia esta vez no funcionó para solucionar sus problemas, se enfadó tanto que tiro una piedra rompiendo la ventana con una fuerza y velocidad más grande que las motos del circuito de jerez, la piedra perforó el suelo saliendo de él un chorro de agua.

El mago había desaigua-620x349cubierto el primer acuífero de la historia que más tarde exploró y usando el marketing comercializó, llevando el agua embotellada a todos los rincones del planeta a través de su franquicia llamada “agua de Málaga”.