El Pájaro Malagueño.

El Pájaro azul de Málaga es conocido por su característico silbido, el cual recuerda a un silbato, los sábados por la tarde sobrevuela las nubes de Jerez y se alimenta de almendras al igual que el ratón común y de insectos pequeños como la mariquita, se posa en las rocas puntiagudas más altas como por arte de magia, con su semblante eterno ha inspirado a la famosa franquicia de venta de almohadas, situada al lado de la academia de kárate, a usar el pájaro como símbolo de su campaña de Marketing

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Un ratón y una mariquita montaron una franquicia en Jerez, le llamaron Almohadas Nubes y como eslogan "el eterno descanso". Les iba de una forma magnífica.  Un miércoles de visita en Málaga hablaron con su amigo el pájaro azul, según él se habían equivocado totalmente en la política de marketing. Les comentó que por ejemplo le deberían haber llamado Almohadas Roca.

A los meses volvieron a Málaga, yendo por la calle escucharon un silbido, el ratón estaba sentado en la terraz3f314e30-cbe6-11e4-9c47-91e0a3f13099_disney-dumboa del bar el Tito Maracas tomándose una tapilla de almendras con alpiste. Se limpió la boca con la servilleta y les preguntó que qué tal les habían ido sus consejos y que él hacía casi magia en los resultados del marketing.

Resultó ser el pájaro el típico enterado sin educación.

Tuvieron que cerrar la empresa hace dos semanas.

Ellos sabían kárate y le pegaron al pájaro.

 

Una mariquita, un ratón y un pájaro los cuales vivían en Jerez, un día el pájaro les dijo de hacer una franquicia de silbatos azules a lo que sus 2 amigos se apuntaron. El ratón pensó que lo primero que debían hacer era un plan de marketing acorde a este producto, la mariquita aunque al principio quería abrir una franquicia de maracas se le convenció  y pensó que el mejor sitio para hacerlo era Málaga.

Ese mismo Sábado salieron de Jerez, cuando estaban lejos se dieron cuenta que se habían olvidado el alpiste para comer, por lo que tuvieron que comprar unas almendras por el camino.

Tras un largo viaje que parecía eterno por fin llegaron un Miércoles a Málaga. Como ya estaban hartos de las almendras decidieron comer en un restaurante. Cuando habían terminado el ratón limpiándose con una servilleta pensó que el nombre de la franquicia debería ser el silbido mágico, el pájaro en cuanto escucho esto le pego una patada de karate y dijo que debería llamarse silbatos mágicos pero como el nombre era tan malo se quedaron sin dinero y tuvieron que dormir en unas rocas mirando las nubes porque no tenían ni para una almohada

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Esta es la historia de un pequeño niño de tan solo 8 años de edad, no sé bien si sería por su pequeña estatura, por sus mejillas enrojecidas o quizás por su mirada inquieta por lo que todos le llamaban “ratón”.raton

Esta historia comienza así. Era un fin de semana cualquiera, un sábado más concretamente, en la bella ciudad de Málaga cuando el pequeño “ratón” se levantó sobre saltado de la cama al escuchar el dulce silbido de un hermoso pájaro azul,  el joven al oír tal melodía enseguida sin pensarlo dos veces se levantó de la cama tirando incluso su almohada al suelo para intentar capturarlo como si de un pokémon se tratara. Primero intentó atraerlo con alpiste cariñosamente puesto en una servilleta de papel pero resultó insuficiente para atraer al magnífico ejemplar. Lo volvió a intentar de nuevo esta vez intentando imitar con su silbato el hermoso cantar pero de nuevo fue insuficiente, el joven, que ya se empezaba a impacientar, comenzó a arrojarle almendras como si de rocas se trataran y esta vez sí consiguió llamar su atención pero fue tanta la impresión que el pájaro se marchó volando perdido entre las nubes.

Nuestro pequeño amigo comenzó a llorar de una forma agónica de tal manera fue su llanto que aunque solo durara unos segundos se hizo eterno en un instante. Su hermana, a la que llamaban mariquita, se apresuró para ver que le pasaba al infante de la casa, al contarle lo ocurrido no pudo contener dar le su mejor sonrisa y un fuerte abrazo al pequeñajo, enseguida para animarlo cogió unas maracas, ya olvidadas en un antiguo cajón, y gracias a ese instrumento esas lágrimas agónicas se convirtieron como por arte de magia en una improvisada clase de salsa que hizo devolver la sonrisa al pequeño “ratón”.

Poco después llegraton-2ó su madre para comentarles que su padre estaba en el cuarto de al lado durmiendo por que había llegado de realizar unas gestiones en Jerez a las cuatro y media de la madrugada, el padre era un hombre serio con una educación excelente que por supuesto habría de te
ner para ejercer su puesto de trabajo ya que era un importante director de marketing de una franquicia muy reconocida, su madre en cambio era todo lo contrario pero su carácter y su voz aguda se difuminaban en un instante gracias a que era todo corazón.

Cuando llegó al cuarto para comentarle lo del padre no pudo evitar recordarle que el miércoles tenía clase de karate y el pequeño “ratón” le respondió con la misma sonrisa que le había regalado su hermana un rato antes.

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Este verano un hombre y un pájaro han protagonizado una singular historia aunque vista por pocos, digna de conocer, dicen quienes la contemplaron ser una  historia con magia.

Empezaba el verano  y entre silbido y silbido de pájaros nacía en lo alto de uno de los árboles más altos de Málaga una pequeña cría de agapornis de color azul. Era un árbol lleno de vida, allí convivían diferentes especies animales como mariquitas, ratones, hormigas y otras clases de pájaros a los cuales observaba atentamente cada mañana sin falta alguna, su magnífica madre la cual se desplazaba hasta la cúspide del árbol para alimentar a su única cría.

Como de costumbre Juan, un hombre soltero que enseñaba karate en un pequeño gimnasio de su barrio cada miércoles y sábado y fútbol tres días en semana, pasaba cerca de aquel árbol picando de una pequeña bolsa de almendras, donde la pequeña cría de agapornis había nacido. Él era un amante de los animales y no dudaba en dejar a un lado sus sabrosas almendras para usar su silbato cada día al oír piar a aquella cría para intentar atraer su atención y ver a aquel agapornis.

Pasaron unos días, eternos para la pequeña cría de agapornis en aquel estrecho nido tan alto, tan alto que incitaba a tocar las nubes, a despegar y volar. Ésta observaba como otros pájaros iban y venían, parecían tocar esas nubes tan esponjosas como la más cómoda de todas las almohadas y en un arrebato de valor, decidió saltar del nido, desplegar sus alas y alcanzar el cielo como el resto de pájaros que observaba con admiración desde el nido. La pequeña cría aún no estaba preparada para volar y a escasos centímetros del nido se precipito hacia el suelo, golpeándose en su caída entre las diferentes ramas del árbol. La pequeña cría en muy mal estado era ignorada por todas las personas que pasaban, algunas se detenían la miraba y continuaba su camino, imaginando que la pequeña cría yacía muerta en el suelo.

10 minutos más tarde se dirigía Juan hacía sus entrenamiento  y como de costumbre esperando oír el sonido de la pequeña cría se acercó al árbol e hizo una pequeña pausa, sintió que algo no iba bien pues era el primer día que no la oía y aún era muy pequeña para volar, así que decidió rotar el enorme y alto árbol y para su sorpresa encontró a la pequeña cría malherida al lado de una roca en el suelo. Rápidamente saco una servilleta que se había guardado del Pans & Company, una franquicia en la que trabajaba su hermano licenciado en Marketing, en la cual había estado merendando. Juan envolvió con delicadeza a la pequeña cría en la servilleta y fue hacía el centro hospitalario de animales más cercano, allí atendieron las heridas del pájaro y lo fueron alimentando con una dieta especial de alpiste para su recuperación.

4 días más tarde llamaron a Juan desde el centro veterinario para comunicarle que la pequeña cría se había recuperado y éste muy contento lo comunicó a todos sus alumnos en el entrenamiento los cuales se alegraron por el acto que llevo a cabo Juan. Tras el entrenamiento llevado a cabo aquella tarde, fue a recoger a la pequeña cría, lo llevo a casa y estuvo una noche con él, quería escuchar una vez más el sonido de aquel pajarillo antes de dirigirse a Jerez donde unos expertos podrían dar una buena vida a dicho pájaro.

Una vez allí en el parque de Jerez, Juan hablo con uno de los voluntarios del parque y con educación y una gran sonrisa, le agradecieron todo lo que realizado por aquella pequeña cría. Una cría a la que Juan vio al abandonar aquel parque jugar con una maraca y unas cuerdas, feliz y sana.

Juan se dirigió de vuelta a Málaga con una gran sonrisa puesto que la pequeña cría de agapornis se había recuperado. Esa noche, Juan soñó con la pequeña cría, soñó que la cría volaba y alcanzaba las nubes que tanto deseo.

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¡Bienvenidos a este blog que corresponde a los alumnos y alumnas del CFGS Gestión de Ventas y Espacios Comerciales del IES Miguel Romero Esteo de Málaga!. Enseñanzas Presencial y SemiPresencial.

Las Profesoras: Nuria Ramos y Eugenia Écija